Género y Trabajo 2010

Autores clásicos del marxismo ya reconocían en el siglo XIX que en la familia moderna hay claras muestras de relaciones que tienden a la esclavitud y la servidumbre, además de encerrar “(…) in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado."[1] Por entonces, no era posible exigir una visión específica de género dada la lógica imperante del patriarcado, por lo que el pensamiento marxista ha sido criticado por su visión transversal de la familia inmerso en la lógica del capital y la lucha de clases, sin distinciones entre sujetos de la clase trabajadora.[2] Desde allí se ha avanzado en distinguir las situaciones sociales específicas entre géneros.

Si consideramos que el género se define como una construcción cultural, social e histórica que sobre la base biológica del sexo, determina normativamente lo masculino y lo femenino en la sociedad, como atributos del género en la forma de comportamientos asociados, supone “obligaciones” culturalmente determinadas a los roles asignados a mujeres y hombres en el marco de la vida social y la división sexual del trabajo.

De esta forma, tradicionalmente las mujeres son responsables del trabajo reproductivo y los hombres del trabajo productivo en un “reparto social” de tareas según sexo-género, que se reproduce sistemáticamente en las diferencias que se evidencian en la participación laboral y política y en los salarios de hombres y mujeres, por una supuesta división social y técnica del trabajo, que explicaría la inserción diferenciada tanto en el espacio de la reproducción como en el de la producción.

La participación de las mujeres en el mercado de trabajo remunerado, además de darse en desventaja y en situación de segregación y precariedad se encuentra fuertemente tensionada con la demanda personal de conciliación de la vida laboral y familiar.

En la convicción que las mujeres son impulsoras de cambios culturales imprescindibles, fuerza productiva, participantes políticas y líderes en distintos frentes, sujetos de políticas públicas, sus problemas de inserción deben mirarse permanentemente con atención, en el marco de las innumerables y variadas transformaciones sociales y económicas, los cambios en la organización del trabajo y las nuevas políticas públicas, que nos demandan, por su vez, cambios de actitud para la real modernización de las relaciones sociales.